No suelo hablar de ciertos temas en mis escritos…pero ver cómo devora el fuego nuestra tierra entre la indiferencia de unos y la impunidad de otros, me produce una rabia que me hierve el alma y hoy me resulta imposible callar
Sea el día que sea, el paisaje sigue siendo exactamente el mismo: campos, montes, casas ardiendo y teñidas de negro, aire que quema al respirarlo y un cielo ceniciento que parece un castigo.
¡Ya basta. Es sencillamente indignante! Tengo el estómago encogido de impotencia. Me hierve la sangre de pura rabia. Cada verano la misma historia, la misma pesadilla repetida en bucle, mientras nadie mueve un dedo. Parece que nos estamos acostumbrando a vivir entre las llamas. Ver cómo se queman miles de hectáreas, cómo se destruyen ecosistemas enteros que tardarán décadas en recuperarse y cómo hay familias que pierden en cuestión de minutos lo que les costó toda una vida construir me genera una rabia y a la vez, un nudo en el estómago que es imposible de tragar.
¿Hasta cuándo vamos a seguir aceptando las mismas excusas de siempre? Estamos hartos de las promesas vacías que se hacen frente a las cámaras de TV mientras el fuego devora el mapa. Hartos de la falta de previsión, de la desidia en la gestión de nuestros montes durante el invierno y de la escasez de medios para quienes se juegan la vida en primera línea. Apagar incendios en verano no es una estrategia de conservación; es un parche tardío a un problema al que nadie quiere meter mano, cuando la solución está en limpiar, cuidar y gestionar el monte durante todo el año, en lugar de lamentarnos entre las cenizas con argumentos interesados delante de las cámaras.
Y, por si fuera poco, la rabia se multiplica al pensar en la impunidad. Impunidad para los pirómanos que aprietan el mechero con una frialdad criminal, e impunidad para la negligencia de quienes prefieren mirar hacia otro lado.
Nos están robando el futuro, el aire, la tierra y la vida silvestre a base de fuego y humo, y lo peor de todo es la sensación de que, cuando las brasas se apaguen, volveremos al silencio de siempre hasta que el monte vuelva a arder. No podemos seguir mirando hacia otro lado. Esto no es solo una desgracia natural; es un fracaso absoluto y una vergüenza que debería hacernos arder de rabia a todos.
Rovica.


