Hasta el cuerpo más bello aburre cuando la mente está vacía. Por eso cuesta tanto olvidar a alguien inteligente; exige pasar primero por un sinfín de personas engreídas, cargantes y desconectadas de sí mismas.
La atracción física es una chispa rápida, pero la inteligencia es un fuego que permanece. Cuando te acostumbras a conversar con alguien que desafía tus ideas, que escucha con atención y que habita su propio mundo interior con profundidad, el listón queda irreparablemente alto. Después de eso, el ruido de la vanidad ajena se vuelve ensordecedor.
No es orgullo ni arrogancia; es simplemente que, una vez que has probado la fascinación de una mente brillante, cualquier envase adornado pero vacío sirve para muy poco.
Rovica.


