Somos un suspiro en el tiempo y un pequeñísimo punto en la inmensidad y grandiosidad del espacio, pero en tardes como la de ayer, nos sentimos parte de algo infinito.
Ayer el horizonte no supo si era el amanecer o el atardecer, solo supo que la luz y la sombra se hicieron una sola.
Poder presenciar la penumbra total del eclipse de ayer fue un auténtico privilegio que atesoraremos toda la vida. El famoso «anillo de diamante” Capturado justo antes de la totalidad absoluta del eclipse solar, un momento de perfecta alineación.
Imagen tomada el 12-8-2026 durante el eclipse de ayer, en España.
Rovica.



